sábado, 30 de junio de 2012

Vida de perro


Hoy asistí a un velatorio. El muerto era un amigo albañil, constructor, activo, trabajador…; un luchador nato. Ha muerto de un infarto a los cincuenta años. Bueno, pues ya está, así es la vida, hay que seguir, ánimo, adelante, su esfuerzo dejará huella…, y cosas parecidas le decía a unos de los deudos delante del cadáver de mi conocido que estaba allí, en su caja, muy serio, quietecito, detrás del cristal de la salita del tanatorio. Ya ve usted, me contestó el deudo: era un luchador, un hombre de empuje, un hombre que ha dado la cara…; Era como usted, lo mismito que usted…; no hay que tomarse la vida tan a pecho;  y ya ve: él, por el muerto, en su caja; y usted viviendo solo como un perro en la Almedina ( mi casa se llama así)…, mejor vivir tranquilo.
A la vuelta del velatorio  le he abierto la puerta del patio a Tobi ( mi perro) y le he echado un trozo de jamón al chucho. ¡Coño!, Tobi, le he dicho: cómetelo despacio…  Y Tobi ha movido el rabo alucinando pepinillos. ¡Ah!, la vida de perro. Guau, guau, guau tengo gana esta noche de gritarle al mundo

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