Hoy asistí a un
velatorio. El muerto era un amigo albañil, constructor, activo, trabajador…; un
luchador nato. Ha muerto de un infarto a los cincuenta años. Bueno, pues ya
está, así es la vida, hay que seguir, ánimo, adelante, su esfuerzo dejará
huella…, y cosas parecidas le decía a unos de los deudos delante del cadáver de
mi conocido que estaba allí, en su caja, muy serio, quietecito, detrás del
cristal de la salita del tanatorio. Ya ve usted, me contestó el deudo: era un
luchador, un hombre de empuje, un hombre que ha dado la cara…; Era como usted,
lo mismito que usted…; no hay que tomarse la vida tan a pecho; y ya ve: él, por el muerto, en su caja; y
usted viviendo solo como un perro en la Almedina ( mi casa se llama así)…,
mejor vivir tranquilo.
A la vuelta del velatorio le he abierto la puerta del patio a Tobi ( mi
perro) y le he echado un trozo de jamón al chucho. ¡Coño!, Tobi, le he dicho: cómetelo
despacio… Y Tobi ha movido el rabo
alucinando pepinillos. ¡Ah!, la vida de perro. Guau, guau, guau tengo gana esta
noche de gritarle al mundo
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