Arrastrando
el carro de cada dia,
con
la certeza de haber perdido en ello
la
libertad y la vida.
Agobiado
en el sudor diario.
Subiendo
por los años los afanes ajenos
y
dejando los míos olvidados en cajas de madera,
sin bisagras, ni llave, ni sorpresa.
Mi andar de hoy es una espera
una espera de nada, si acaso de mañanas
ocultas
por estar dormidas en
la siguiente noche,
en la siguiente esquina;
en
cada poniente fatigado y exhausto .
Y
en cada una de ellas sin descanso,
de
nuevo a subir tragando la saliva
( de la derrota amarga
en
renuncia de bien sin recompensa,
hasta
morir desecho el corazón
destrozado
por no ser, habiendo sido tú.
Mi refugio es mirar hacia atrás como consuelo íntimo
y despedir los escollos que quedaron a la espalda,
muertos ya en el ayer de esta guerra civil
que mantengo en el lecho contra mi mismo.
Y
probablemente me obliguen a subir
y
seguiré subiendo,
sin remedio,
con susurros si acaso de cansancio,
que
no seré yo de otra manera
porque no me marché cuando debiera
y en tus ojos se marchitó mi luz
y mi destino.