jueves, 20 de diciembre de 2012

Libro reencontrado


LIBROS



Perdona, libro amigo, que te dejé plantado;
Hoy vuelvo a ti consciente del regreso.
Vuelvo,  a pedirte que me dejes leerte,
en la página y el renglón dejado.

Y es que fuera de ti, querido amigo,
no encuentro sosiego ni descanso.
Sólo en ti, en tu tranquilo estar,
 se esparce el alma.
Eres tertulia, camino y aposento.


Sé por ti que amo el paisaje repetido,
el aroma del horno callejero,
el retrato amarillo,
la carta de amor deshilachada.

Sé que encierras el arcano
 y el alcanfor pajizo del cajón callado del ropero.
Sé por ti de amores ya pasados,
sé por ti  de mi mañana. incierto

Conozco tu realidad de antaño,
tu gloria momentánea,
 tus años empolvados.
Libro amigo, compañero del alma:
¡ recíbeme en el renglón dejado ¡

sábado, 15 de diciembre de 2012

Segriá


SEGRIÁ


Apenas puedo recordar tu imagen.
Fue tan escaso el día compartido,
tan leve el encuentro,
tan liviano el azahar de aquel S. José florido
que apenas leí  tu cara adolescente.

Te recuerdo ligera, esbelta, sinuosa:
como el brote nuevo del naranjo en flor.
Te recuerdo lejana , misteriosa...
acariciando marzos  en cartas primorosas;

Recuerdo tu letra menuda ,
 papel rosa italiano,
papel gris festoneado,
un dibujo, un te quiero, un pensamiento.

Aromas del Segre .
Osa Mayor eterna en noches de niñez.

Hoy puedo esperarte en  el recuerdo,
Acariciar tus cartas en legajos de luz...
Puedo, si quieres,  soñar tu imagen nueva
desde este azul intenso en el que te  amé tanto. 

viernes, 14 de diciembre de 2012

Punta Humbria


COMPAÑERA


Amor:   tantos días sin verte,
tantas semanas muertas de la historia reciente,
tantas, amor, que el tiempo se ha hecho amigo  y compañero.

Inexorable, silencioso y certero
pasó como el arroyo  que nace en la montaña
sabiendo que allá abajo, donde la tierra ensancha
será río en silencio,  soto de agua callada.

Cuando el reloj termine,
 cuando la  mar se acerque,
cuando se inunde el aire,  amor, de brisas y de sal
cuando se muera el tiempo ,
esperaremos juntos  sentados en la playa

Amor... tantos días ausente...

lunes, 3 de diciembre de 2012

Saludos


SALUDOS

Arrastrando el carro,
con la certeza de haber perdido en ello
la libertad y la vida.
Agobiado en el sudor diario.

Subiendo por los años los afanes ajenos,
y dejando los míos olvidados;
como piedra angular
 aplastada en arbotantes de tiempo.

Mi andar es una rasante sucesiva de mañanas
ocultos por estar mas altos, mas arriba,
en la siguiente noche, en la siguiente esquina;
en cada poniente fatigado y exhausto .

Y en cada uno de ellos sin descanso,
de nuevo a subir tragando la saliva
( de la derrota amarga
en renuncia de bien sin recompensa
hasta morir desecho el corazón
destrozado por no ser, habiendo sido tú.

Y mirar hacia atrás como consuelo íntimo
de escollos que quedaron a la espalda,
en esta guerra civil contra mi mismo.

Y probablemente me obliguen a subir
y seguiré subiendo,
como en verano le llegan los higos a la  higuera,
que no seré yo de otra manera
 por tu paso por mí, porque es mi sino.


sábado, 1 de diciembre de 2012

Dolores

Este poema fue escrito en 1990




DOLORES.

Eres piedra angular de mis sueños,
noche donde el descanso se hace unión y caricia,
 mañana de una primavera viva y luminosa.
Eres olor a pan, a fruta y a camino .
Eres calor, refugio y esperanza.
Eres   las aguas  del otoño empapando el verano,
 valle del alma que se abre  en promesas de amor.

Eres barbecho de tres yuntas preñando  pegujales,
cosecha almacenada en odres de ternura ,manantial del deseo.
Eres , esposa,  pozo  de agosto  en secanales ,
 luz en calle sinuosa ,
 espliego en la vereda, cobertera en febrero.
Eres , amor , lirio de marzo, flor de romero.

Locura

Este poema fue escrito en 1988




LOCURA


Tengo por cierto tu regreso
y aguardo prevenido junto al fogón la espera.
No tengo mas oficio que esperarte
 con la escopeta presta y el corazón parado.

Y así de madrugada, cuando llegues,
cuando quieras entrar en su aposento,
cuando sienta tus pasos acolchados
( en la estera de pleita,
me encontrarás despierto y afilado.

Y podré matarte poco a poco,
paladeando tu miedo en mi presencia,
 lamiendo , junto al perro, sangre tuya
y midiendo los palmos de tu lengua.

Y así , locura, cuando te sienta muerta
muerta y desgarrada entre mis manos
 mientras la beso a ella,
sabrás que por amor no has conseguido
atravesar los quicios de mi puerta.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

El aula


EL AULA

 

 

Hay días que bajo el peso cansino de la clase me siento en la tarima,
 dejo la tiza sola, y busco entre los bancos mi cara sin arrugas.

Hace poco pensaba que el que hablaba tenia los pies planos.
Era mas viejo que hoy creo lo fuera mi figura,
y mas joven que son mis pensamientos;
y sin embargo encuentro en él un fondo de ternura
que en mi imagen de hoy, aunque quiera, no encuentro.

 
¿ Qué pensaría de mí aquel que era yo mismo?,
 ¿ qué pienso yo ahora del estudiante antiguo ?

El diría : no has llegado ,¡ viejo !,no has llegado.
Has errado el camino; no era eso.
Estás en desventaja , estás pasado.
Yo puedo ser lo que tu no has sido 
y tú no puedes quedarte ahí a mi lado.

Viejo : la vida te ha vencido.

Y yo contestaría:

Muchacho, ahí está  tu destino:
mi cara con arrugas y los pasos cansinos...
Yo puedo pasearme en el ayer sin ti;
Tú tienes que seguir mis pasos y un camino...
No existe tu existir sin mi;
no añores lo que no has de evitar, amigo.

Muchacho: acaricia la tiza que te entrego, la pizarra pulida,
la noche sosegada.
Acariciala como el viento a las olas y el eco a la montaña.
Acaricia tu mañana antiguo como cada recuerdo me acaricia el alma.

Camina esperanzado, mi pasado: la vida está contigo 

martes, 27 de noviembre de 2012

MI MESA DE TRABAJO


LA MESA

 

 

Mi mesa de trabajo:

mi vieja y polvorienta mesa de trabajo

llena de afanes olvidados,

recuerdos  y quimeras.

 

En tu  estructura de pino se ha forjado

parte de mi vida.

Vetas  segovianas llevadas al Sur .

 

Mi mesa de un sótano añadido

a días sin ventura.

 

 Sabes tú de sinsabores ,

papeles cotidianos , anhelos  y poesía

mas que de triunfos y oropeles.

 

En tu cajón derecho está el presente;

en el centro el futuro hecho ficha y cuartilla,

en el izquierdo, asuntos olvidados;

y, ocupando el hueco del tintero,

 el ansia ineficaz de lo inmediato,

y el alma mía , mi mesa de trabajo,

en silencio , sobre ti ,se duerme en el tablero.

 

sábado, 17 de noviembre de 2012

caminos


Para llegar a ella no hay  camino;

No hay vereda ni trocha ni cañada,

Ni serventía, ni atajo, ni sendero,

Ni día, ni luz, ni madrugada.

 


No busco ya los pasos anchurosos,

Ni las huellas que intuyen las vaguadas;

Ni sigo veredas sobre el monte,

Ni vericuetos, ni trochas encaladas.

 

Tu camino y el mío besaron la dehesa,

Se poblaron de romero, de noche y de retamas

Y acabaron, sinuosos, presagiando infinitos,

Citas de eternidad, esperas sin llegada.

 

Tu camino y el mío se citaron un día,

E hicieron un trecho de mañana.

Pero a la tarde dijeron que se iban,

Y dibujaron cruceros en el alba.

 

No hay camino ya para nosotros;

Ni camino, ni regreso, ni esperanza;

Solo queda que la muerte nos una;

Solo espero que llegue su llamada.

 

Vagando en mi destino


No tengo, amigo, sensación de regreso,

que no estuve en posadas de verano;

que no partí y me quedé dormido

en mi rutina de ayer y de mañana.

 

No tengo que contarte, libro amigo,

ni aventuras , ni amores,  ni mudanzas,

que vuelvo  a ti sin haber partido

con el reloj parado en tus cuartillas.

 

El tiempo y yo que cabalgamos  juntos ,

 este verano rompimos la baraja,

y jugamos a ser desconocidos :

él ,  por su vía de siempre, inexorable.

Yo, por los pagos de hoy,  vagando en mi destino.

 

 

Y es que mi marcha ha sido  una  parada

del tiempo en el ayer perdido,

un descansar del alma en el zaguán de casa.

 

viernes, 16 de noviembre de 2012

OTOÑO


OTOÑO

 

 

Vuelvo vacío,

 vacío como una calavera de museo.

Ni lo había, ni lo hay ni lo habrá luego.

Vacío absoluto, antítesis de lleno.

 

Vuelvo ligero,

ligero de ti por hartura de lazos opresivos,

que ansío la libertad de los espacios viejos,

espacios  conocidos y, amigos;

 espacios de libertad y de reencuentro .

 

Vuelvo por la costumbre de volver,

costumbre perniciosa de regreso.

Que volver, volver, volver

me suena mas a cantarela antaña

 que a deseo.

 

Quizás sea una  forma de regreso, 

-verano absoluto y cadencioso -

 Una forma para hacerse viejo.

Y de año en año

 - sin que sirva de precedente -

me escriba un verso.

 

Un verso para mi, a mi pellejo ,

que no me lo haga otro ,

que diga cosas del yo al mí ,

baladí de intimidades mías.

 

Ser yo; yo que me acabo

 y necesito un verso.

martes, 13 de noviembre de 2012

Caminante de ayer


Caminante de ayer.

 

 

Me he sentado en tu ausencia

junto al recuerdo tuyo,

camino bacheado en distancias de ti.

 

Me he sentado a mirar la indicación pequeña,

la señal situada en cruceros sin sol.

Se detuvo mi andar porque tú ya no estabas,

porque las metas viejas volaron al vacío,

y va sintiendo el alma el caminar cansino

( por tu ausencia.

 

Me he sentado a buscar mi brújula de antes,

mi Polar cotidiana: mensajes que eran besos ,

constelación de curvas y de senos,

carrusel de plaza circular y ondulante.

 

Me he sentado al borde del camino :

me he sentado a dejarte de querer,

 y no he podido.

 

viernes, 28 de septiembre de 2012

El humo


 

EL HUMO

 
 

Había dejado de fumar. Dos meses, una semana, dos días , siete horas y diecisiete minutos. Ese era, exactamente, el tiempo  desde la ultima chupada. Ese era, exactamente, el tiempo de mi desesperación aquella noche. Recordaba el humo de un “ Condal” largo elegante y ultimo. Así lo había decidido dos meses, una semana ... taras. . Dejaría de fumar en aquel mismo instante . Ese Condal seria mi ultimo cigarro.


Recordaba  que el impulso nació en  New York. Estaba alojado en un Hotel de lujo invitado para dar una conferencia sobre no recuerdo qué. La limpiadora de la habitación era portorriqueña y lloró emocionada de que un hispano ejerciera de vips ; de que un hispano no fumara ( mentira, que yo lo hacia como un carretero ) y estuviera alojado en aquella habitación. Moraco que soy y se nota - me dije - pero hispano  como ella al fin y al cabo. Recordé las pateras cruzando el Estrecho par llegar a España y me emocione de orgullo de raza. Hay que dejar de fumar, me dije  y lo dejé. Ni un cigarro mas a la vuelta a España. De fumador despreciable, a poderoso y nuevo ciudadano de primera.  Volverá de USA un hombre  sano y poderoso  dueño de si mismo. Yo, que nací no fumador  como los importantes hombres que jamas se hundieron en la miseria del tabaco del País incomprensible aquel que domina el mundo a la vez que come hamburguesas y coca cola. No lo comprendo a fe mía, que se pueda tener tanto poder y tan mal gusto.


 De vuelta a casa, en Escuzar, mi ultimo cigarro había sido como las piernas de una mujer a la que se ama y se aleja contoneando el recuerdo. Piernas largas  enmediadas de negro y rematadas en un liguero  enroscado hacia arriba . Humo blanco y espeso que se escapó de mis labios en el silencio absoluto de la noche . Pero ¡ah!, pena penita pena, que  el paquete  de aquel ultimo deleite quedó quedó olvidado sobre el marmol de la encimera de la chimenea.  


 Dos meses después lo vi sin proponermelo , rojo, esbelto, destellando celofán. El paquete me estaba requiriendo insistente : queda un cigarro: enciéndelo, acarícialo, chúpalo con cuidado, lentamente, guardando sabores, llevándolo al cerebro tuyo, sacando lenguas de gloria en el gusto espeso de la tentación. Cogí el paquete olvidado y saqué el cigarro muy despacio acariciándolo como si fuera un perro. Lo llevé a los labios, lo tenté con la punta de la lengua, palpé la arista circular del filtro, tragué saliva y cerré los ojos, El Dupont estaba al lado, listo, pesado, sugestivo, expectante.  Lo encendí. El Dupont, quiero decir. Su llama azulada parecía un lucero. Lo acerqué a la punta del cigarro que temblaba en mis labios. Temblaba todo yo como se tiembla cuando se hace el amor por primera vez. Prendió el tabaco y se inició una columna de humo ondulante hacia el techo. No chupé. No me lo fumé. Solo, en el silencio absoluto de la noche de Escuzar, en la Sala Cuadrada, acurrucado en el sillón de orejas junto a un hogar ya mortecino recordaba cada minuto de la agonía aquella del mono de fumar. Pero no me lo fumé. Quería fumar , necesitaba fumar; fumar ineludiblemente, rasear el humo por la garganta, por los pulmones , por el alma. Pero no me lo fumé.  Fumaban todos aquella noche : fumaban los retratos de los antepasados, los bailarines de las imágenes costumbristas del Portalón, el Alcalde del Crimen patéticamente colorado y feo, fumaba Dñª Eugenia, la monja negra como su manto ahumado del óleo del salón, fumaba D. José Calvo Sotelo  - juguetón en su escultura de escayola -, fumaba el obispo Fonseca, la Srª Beamón , el presentador de Canal Plus . Finalmente mi mente calenturienta veía a  mi encargado Guillermo, que jamas había cogido un cigarro, luciendo  aquella noche un gran Montecristo marrón -   ébano sinuoso -,  de humo blanquecino acariciante. Desde la punta de aquel gigantesco puro subían  lentamente círculos de humo hacia su calva , y allí se remansaban y se apiñaban y parecían un milchelin pequeñito danzando al son de cada chupada de Guillermo. Era una orgía de humo , de aromas de pipas de tabacos orientales : Gravina rojo, Príncipe de Gales, ....., tabacos rubios aromáticos, negros pegajosos, mezclas, mixturas, mentas, aromas a licores exóticos , a afrodisiacos de noches tropicales, a carnaval de Costas caribeñas o Cariocas , a palmeras, a mangos, a aguacates maduros sobre pan moreno.          Subía el humo de todos los cigarros de todos los fantasmas hacia el techo de la Sala Cuadrada, rebotaba en las vigas de pino oscurecidas por siglos de humo, se expandía por las correas de madera que albergaban también el humo de centurias desprendido por los cigarros sobre el forjado de tablas barnizado de humo de las pipas o los puros de los antepasados de todos los siglos y bajaba hacia mi con la fuerza de un Iguazú  cálido y entrañable. Y el cigarro estaba allí , consumiéndose, entre el índice y el corazón de mi mano derecha, apoyada en la cimera de mármol junto a la chimenea, aguardándome, esperándome, pertenecindome, mío. En ese momento lo apague sobre el cenicero limpio.

 
No terminó así el suplicio . No dejaba de mirar el cenicero y su colilla larga aún apetecible. Era aquella mi ultima oportunidad . Mañana seria otro día. Empezaríamos de nuevo el tratamiento de parches de nicotina, caramelos .., lo que fuera: pero aquella noche, aquel instante era un instante mágico, un minuto eterno, una noche embrujada. Debía fumar . El cigarro estaba allí. Lo cogería de nuevo, lo pondría entre mis labios , asiria las tenazas y con ellas un ascua mediana , mortecina , con las aristas aun rojas y la ceniza encanando los centros de sus caras. Y lo acercaría al papel para que prendiera lentamente, casi insinuando la chupada mas que chupando, y miraría la punta enrojecida . Sudaba copiosamente. Mi voluntad y mi mi pasión tabaquera luchaban a muerte en los instantes supremos de la tentación.  Recordé a la Portorriquña de New York, las zonas de los aeropuertos de negros hispanos y fumadores, la explosión del Maine, los pitos del pecho al amanecer y el eslogan de mi abuela : tengo seis hijos : ni fuman , ni veven, ni son mujeriegos, (sic) . ¿ Como podia siquiera ceder y volver a fumar un cigarro? ¿ Donde estaba mi fuerza ? ¿ donde mi caracter ? ¿ donde mi valia y mi decisión irrevocable ? ¿ donde el impulso español y Prim en Castillejos ? ¿ donde Pizarro y el Inca ? . ¡donde el cancer de pulmon de mi amigo Eduardo!

            Rufo , el coker dorado, empezó a ladrar. Ladraba a una silla vacía. a un lugar sin nadie. A un espacio muerto. Lo mire. Detuve las tenazas. Solté el cigarro y el ascua. El erizado pelo del coker me hizo dudar. ¡ Quieto  Rufo, ¿ qué estas haciendo ? ¿ a quién ladras ? .  Puñetero perro; vas a acabar asustándome .  


            El perro continuaba ladrando y gimiendo alrededor de la silla vacía hasta que cansado del ruido , y de la intromisión del personaje que había interrumpido mi fumada , me dirigí a la silla vacía y dije :

 
n Si le molesta el humo, cámbiese por favor. Allí , en aquella butaca que está junto a la puerta del Coro no le llegará y estará cómodo.


            Pasaron unos segundos de silencio.


            Entonces Rufo me miró y se dirigió  hacia la puerta del Coro. Al llegar a ella rodeó la butaca por detrás, olfateó el asiento vacío y siguió ladrando lastimosamente.

 
           

martes, 18 de septiembre de 2012

El pergamino


Una multitud inició la marcha; Llevaban comida, y agua, y coca colas, y mochilas moradas o amarillas; la iniciaron a paso vivo, sin saber bien a donde iban, ni lo largo del camino, ni la cuesta del Norte, ni las horas llegadas a sus pies. En el primer cruce, la mitad se fue hacia la derecha; la otra mitad, a la izquierda. Los de las mochilas moradas se quedaron parados, y nosotros con ellos y acampamos.

Al día siguiente reiniciamos la marcha hasta el segundo cruce. El cincuenta por ciento se pusieron un toto anaranjado y tomaron la izquierda. Los demás tomamos la derecha. Recorrimos diez leguas y acampamos.

Al tercer día, ya de salida, muchos se pusieron un toto rosa y aguardaron; los que quedaron llegamos hasta un nuevo cruce. Todos se fueron a la derecha menos tú y yo. Entonces saqué de mi bolsa el pergamino crema; viejo pergamino que me dio mi padre, y lo miramos sentados en el ribazo aquel. Era mi pergamino y caminamos. Y subimos a lo alto de una montaña enorme, con el frio en los huesos y la piel ardiendo en tus senderos. Busqué un refugio y te tendí la mano y volaron hacia ti una multitud de duendes: sin mochilas, sin totos, sin pasado. Estamos solos, te dije aquella noche.

Al llegar la cuarta noche te dije: compartamos la soledad, la tuya y la mía… y no estaremos solos nunca más. Sí, me contestaste: cojamos cada cual su mochila y marchemos a un mundo nuestro, exclusivamente nuestro, un mundo anhelado, a un mundo nuevo donde solo habiten los duendes que nos siguen… y las mariposas de las entrañas, y el amor tuyo y el amor mío. Y acunamos la vida mientras la lluvia fecundaba el campo.

Tengo aquí el pergamino, el pergamino de mi historia, el deber aceptado y adquirido…te dije al quinto día; debo bajar, dame un tiempo. Ella me llama, me llama, me llama… lo dice el pergamino.

“Palabras de agua atravesando el portal de aquella noche insomne, abrazos que resbalan por tu piel sin dejar huella, abrazos fríos en las cálidas distancias. Abrazos... besos amables escritos sin tinta, pintados en el aire por tu voz amada, besos quemados en un instante... Letras de humo bailando alrededor de mi sombra, caricias huecas perdiendo vida... Sábanas de seda incapaces de dar calor a un amor vacío, besos que jugaron a ser únicos y solo fueron ecos de olvido...”

Y bajé la montaña. Y dejó de llover; desde abril no llovió a llover, no suenan los cristales como aquella noche; ni suenan tus besos en mi boca. Ha dejado de llover y mi voz amada se confunde con palabras de humo, con esperas sin tiempo y llamadas sin voz. Y acudió la soledad de nuevo; la soledad absoluta y fría que aquel hombre intuyo que podía quedar atrás en la montaña. La soledad intensa y renovada que lo envolvió de nuevo al alcanzar un NO.

Y aquel hombre solo y aterido volvió la cabeza hacia la amada y gritó con todas sus fuerzas: ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ lo dice el pergamino ¡!!!!!!!!!!!!!!!!!. Pero nadie, ni aún los que lo escucharon, entendieron su grito. Solo lo entendió la soledad.

 

domingo, 9 de septiembre de 2012

José Lopez de Vinuesa


 

 

A JOSÉ LOPEZ DE VINUESA

 

 

 

Han hundido tu casa la de Loja,
y te he visto llorar sobre una nube gris.
Por eso quiero hoy evocar tu recuerdo,
tu sombra prolongada ,  abuelo.

 
Eras tú entonces, en mi niñez lejana
 el aire que aspiraba  de una mañana limpia,
 el solano venido  de una tarde de abril.
Eras  más : eras como el  viento de la veleta mía,
girando presurosa en tejados de miel.
Tejas orientadas  que acariciaban olas.

 
Eras tú la esperanza   de una ruleta roja
 girando para   mí, camino de mi dicha :
Paseo  del  Salón de una Granada  fria
de una Granada nuestra, abuelo,
vestida de galleta
¡Ah!, vestida  de galleta rosada .

 
Hoy han hundido tu casa solariega
y sus columnas viejas cayeron hacia el sol.

 
Eras tú entonces papel  de pajarita
doblada en mil esquinas  sobre espuma de mar;
Eras un almendral de febrero florido
pétalos dibujados  sobre tierra marrón.
Jardines todos de las  tierras del Temple .

 
Eras , sereno ,el eco de  Azorín ,
 domador de Madrid. en pausas cadenciosas.
Madrid lentamente leido en un  Austral humilde,
 Austral manoseado, amigo …,
 señalado de ti .

Y sin embargo , abuelo, han hundido tu casa
tu casa la de Loja…, la de la calle Real.

 
Eras calor y Patria en la voz poderosa
 de una arenga de  Prim:
 

n Vosotros podéis abandonar esas mochilas porque son vuestras … ,

pero no podéis abandonar esta bandera  porque  es de la Patria

 

Y volábamos juntos hacia la muerte cierta
y acurrucabas a España en tu regazo :
pobre , arrugada, perdida en Anual,
 en batallas ganadas por mis ojos de niño.

 

Y  Alarcón cabalgando en mulas enjaezadas,
como un amigo cierto  que me contaba cuentos
en Alpujarras floridas y lejanas. 

Y te fuiste a morir sobre una mula torda
para llegar al cielo de tu Sierra mojada  :
 salpicada de grises como la nube cierta
salpicada en  tormenta de Periquetes todos.

 
Y me dejaste , abuelo ,  con una tarjeta festonada de negro:


- luto

- “ donde quiera que esté  no te olvidaré nunca”

 
luto oscuro, permanente, luto negro, zaino, dolorido.
Luto de los dos : el tuyo y el mío
Luto insoportable y permanente; luto  de muerto compartido.
 

Y nos cogimos de la mano para la eternidad.
Y jugamos a vernos en casas  blancas nuevas
encaladas y nuevas en huertos  de cristal.
Encaladas hasta  el caballete, abuelo.
Encaladas hasta el tronco del nogal,
hasta el brocal del pozo,
hasta la maceta de  geranios violáceos.

 
Pero tu casa , abuelo, se quedó enmudecida
y su portal  de piedra se murió en un jazmín.
Y me dejaste solo cocinando gazpachos,
fumando de tu  caldo de gallina.

 

Pero aquel dia   era como un  papel rosado
un papel rosado de atardecer último de invierno,
como un atardecer de miércoles de ceniza,
Como un año bisiesto sin febrero,
y nos quedamos  solos
solos tú y yo, dormidos en nuestra soledad.

 

Aquel  23 de febrero  hundieron nuestra casa, abuelo.
Definitivamente hundida, definitivamente muerta.
Que se murió Rosario en el mes de febrero, 

 

 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Soledad y muerte


Lo esperado, lo que pensamos ha de venir y no llega, lo que ansía el hombre interior que todos llevamos dentro y no acontece, lo que antecede al vacio y desemboca en él, conduce irremediablemente a la soledad. No estás solo en tanto esperas, en tanto intentas alcanzar un algo abstracto que se concreta en el tiempo aquí o allá. Uno está solo cuando alcanza y se da cuenta de que lo alcanzado es el no. Y en ese momento vives a medias al sentirte encerrado en tu propia soledad. Uno se muere un poco cada vez que escribe una entrada en el Face intentando existir.

La muerte, pues, no nos llega de golpe; nos vamos muriendo aún estando vivos, y nos morimos al  son del tiempo en que sacamos la cabeza, en que intentamos decir: aquí estoy; estoy aquí y existo. Yo me estoy muriendo en la soledad que produce la incomprensión, la imposibilidad de hablar, la ausencia de alguien que escuche tu historia. Más aún, porque escuchar la historia  – más o menos real para el que escucha – no trasciende y mata la soledad. No. Lo que anhela ese hombre interior al que antes me refería, no es que te miren o te escuchen; eso es baladí. Lo que intentamos para vencer la soledad es que el que mire, vea; y el que escuche comprenda.

Cuando eso no llega, cuando la soledad te aprisiona de tal modo que acabas deseándola, y hacerla tuya, y compartirla con tu yo; cuando es ella la que te entiende y te acaricia y, como la amada al amado, te hace suyo, en ese momento has llegado a esa línea de no retorno que te atrae y te espanta al unísono. En ese instante digo, estás perdido. Estás muerto.  

Quizás como último recurso para librarte de la tenaza de la soledad echas mano a la intelectualidad o a la conciencia intima de lo trascendente. El Dios que me intuyó y propició que mis padres me engendraran. El Dios que me lanzó a un mundo destartalado y sin entrañas, y “sabía” desde el inicio lo que había de ocurrir. ¿Dónde está?, por qué me dejó nacer; ¿por qué me dio un ansia de libertad para quitármela al mismo tiempo marcando mi destino?. La voz distorsionada por la agonía del hombre atenazado por la soledad gritará, seguramente, con las fuerzas todas que le queden un ¡¡¡¡Dios mío!!!.  Como la última palabra que salga de su boca.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Guardián de tus esperas


Caminas por una vereda ancha jalonada de matas de esparto. De vez en cuando un anchurón te marca el estar de un alcornoque, de un quejigo o una encina. Más allá una aulaga florida, una mata de tomillo y la espera. Si, la espera, la espera, la espera.

Luego regresas por el mismo sitio para saber que existes, para percibir que existe ella, para localizar su eco y su caricia; para matar la espera.

Y no encuentras nada, ni el arroyo de antes, ahora seco; ni la adelfa apretada al barranquillo suyo, ni sus huellas siquiera en la vereda angosta del regreso;  por la vereda  que tú transitas pegado a un arcén imaginario. Y comienza a llover.  Tienes el paraguas negro con la varilla rota y el mango envejecido. Lo abres y te sigue goteando la barba y el chaleco verde y el anillo de plata.

Y gritas;  e intentas localizar el eco, y te mueres un poco al saber que no eres nadie, nadie; solo, quizás, el guardián de sus esperas.

viernes, 31 de agosto de 2012

Los límites del amor



o    Hace unos años, antes de separarme de mi mujer, le escribía un mensaje a Teresa, una discípula de la Facultad y buena amiga que es, además, una intelectual profunda.  Hoy, al releer el mensaje que en su día fue simplemente una ayuda a una conocida, me planteo dos cosas: primero que sigo pensando lo mismo que hace años sobre el amor. Segundo, que no atino a descifrar a quien iba dirigido el mensaje de antaño… ¿a Teresa mi discípula?, ¿a una Teresa abstracta que recogía mis ansias de mujer? ¿a mí mismo como una reflexión intima?; ¿a una soledad presentida? …En realidad tampoco tiene importancia el qué y él como del mensaje; quizás lo traiga aquí por el tsunami de acontecimientos que años después arrasaron mi vida. El mensaje decía así:

o    Mira: te recomiendo la lectura de este libro de Freedman , creo que se escribe así ,que se llama "El arte de amar"; a mí me ha servido mucho.
Siguiendo a Freedman creo que el amor, Teresa, no es más que un instinto para superar la separatidad. El amor  es una reacción al miedo, al miedo de sentirse uno persona, y sentirse uno solo, absolutamente solo en el universo; y ambas cosas, la personalidad y la soledad, al mismo tiempo. La conciencia de la individualidad nos hace a la vez libres por naturaleza y esclavos por la necesidad de contactar con alguien, de sentir la compaña, de poder disfrutar de un amanecer. Uno se engancha a esa necesidad de compartir con los amigos, los padres, los hermanos o los amantes; eso es todo. Las diferentes clases de amor nacen precisamente de las distintas formas que tiene el hombre para superar la separatidad y el miedo. De ahí el binomio amor y libertad tan trascendente y tan enfrentados al mismo tiempo y en tantas ocasiones. Uno crece en la libertad en tanto es individuo, y crece en el amor cuando percibe las terribles consecuencias de la libertad plena: la soledad. Fíjate en la imagen de tu perfil, en el dibujo de la wonder woman: se intenta aunar en él a la mujer sexi con una súper woman que puede volar. Libertad y sexualidad, ahí está el mito del héroe, en aunar los dos cabos de la madeja para atar el alma a la raíz de la palanca que mueve anhelos y corazones : el miedo.
Personalmente mi barrera contra el miedo es la intelectualidad, el análisis sosegado de lo que acontece y la autocrítica como espada de Damocles de cuanto me concierne. Luego, mas tarde, me impregno de los murmullos todos que rondan por la calle y me alejo, si es posible, a un mundo interior para conversar con el hombre que siempre va conmigo como diría Machado
.

o    Al releer este texto me doy cuenta de mi error: el miedo no se vence con la intelectualidad; el miedo se vence con amor, porque la soledad, la soledad profunda, la soledad absoluta es fría, y muerde, y mata. Creo que cuando escribí este mensaje era demasiado suficiente e incluso orgulloso, y que ahora, en muchos aspectos vencido y viejo, entiendo y justifico algunas cosas de las que me han acaecido.

o    Hoy le escribiría a Teresa lo siguiente: No leas ningún libro…:  ama, Teresa, ama sin medida; entrégate al amor sin análisis ni miedo a perder la libertad. Solo se es libre cuando se ama; solo amando podemos pasar del estar al ser, de lo indiferenciado a lo exclusivo,  de lo perecedero a lo eterno. No le pongas al amor más limite que el amor mismo y elévate así por encima de cualquier adversidad. Quedará de esta forma marcada entre los hombres la sombra de tu vuelo y elevarán su mirada al cielo para ver tus alas extendidas. No sé decir más, Teresa. No sé decir más.

lunes, 13 de agosto de 2012

Y nacieron las letras


“Letras que llegan cómo suspiros, se cuelan en el alma, ocupan su sitio y parece que estuvieran desde siempre en mis adentros.

 Letras, tus letras; precisas y eternas... repartiendo caricias, ternuras, pasión y locura... letras que bailan en mis entrañas, que acogen soledades para mecerlas.


Letras nacidas entre murmullos a la luz de tu sombra; letras que ponen entre tus manos aquello más preciado "La sombra de mi vuelo".

Pilar Tejero: cuaderno de descuidos. Agosto 2012




Era un veintitrés de febrero y amaneció claro. Amaneció porque tenía que amanecer, no por otra cosa. Subió mi padre a despertarnos luego. Y lloraba. Lloraba detrás de unas gafas de verano, y lo supe: te habías ido. Para siempre, madre, te habías ido. Te habías ido sin mí, y yo no pude entenderlo nunca. Seis años tan solo, madre; un niño sin tus besos y seis años. Una vida entera para meterla en un baúl de seis años. Una vida entera por delante. Y nacieron las letras…

Bajamos la escalera y cerraron la puerta. Y supe que estabas allí detrás, muerta, callada, con los labios morados y la mortaja puesta. Y quise pegarme a la madera, y aplastar la mirada, y clavar las uñas en mis venas, y morirme contigo, madre, morirme contigo para siempre… acompañarte: y nacieron las letras.

No fui a tu entierro, madre; pero lo presenció mi alma. Te sacaron a hombros y la gente lloraba, y tú te mecías en tu caja como mueve el viento las palmeras. Y me llamabas: hijo, no te dejo; te esperaré siempre; y seremos los dos; y ya verás, habrá una luna nueva para ti, vendrá mi caricia cada tarde…, y hundías los dedos  en mi pelo , madre, mientras yo en el jardín cortaba unas violetas. Y allí llorando, madre, nacieron, en tu nombre, las primeras letras.

Y las guardé, una a una, en el baúl de antaño;  y las dejé salir, y amé con ellas, y acariciaron sueños y nostalgias, y mundos de color, y murmullos de agua. Me acompañaron siempre, madre… “Letras nacidas entre murmullos a la luz de mi sombra; letras que ponen entre mis manos aquello más preciado "La sombra de tu vuelo", y nacieron las letras: y supe que eran mías, y supe que eran tuyas.