viernes, 31 de agosto de 2012

Los límites del amor



o    Hace unos años, antes de separarme de mi mujer, le escribía un mensaje a Teresa, una discípula de la Facultad y buena amiga que es, además, una intelectual profunda.  Hoy, al releer el mensaje que en su día fue simplemente una ayuda a una conocida, me planteo dos cosas: primero que sigo pensando lo mismo que hace años sobre el amor. Segundo, que no atino a descifrar a quien iba dirigido el mensaje de antaño… ¿a Teresa mi discípula?, ¿a una Teresa abstracta que recogía mis ansias de mujer? ¿a mí mismo como una reflexión intima?; ¿a una soledad presentida? …En realidad tampoco tiene importancia el qué y él como del mensaje; quizás lo traiga aquí por el tsunami de acontecimientos que años después arrasaron mi vida. El mensaje decía así:

o    Mira: te recomiendo la lectura de este libro de Freedman , creo que se escribe así ,que se llama "El arte de amar"; a mí me ha servido mucho.
Siguiendo a Freedman creo que el amor, Teresa, no es más que un instinto para superar la separatidad. El amor  es una reacción al miedo, al miedo de sentirse uno persona, y sentirse uno solo, absolutamente solo en el universo; y ambas cosas, la personalidad y la soledad, al mismo tiempo. La conciencia de la individualidad nos hace a la vez libres por naturaleza y esclavos por la necesidad de contactar con alguien, de sentir la compaña, de poder disfrutar de un amanecer. Uno se engancha a esa necesidad de compartir con los amigos, los padres, los hermanos o los amantes; eso es todo. Las diferentes clases de amor nacen precisamente de las distintas formas que tiene el hombre para superar la separatidad y el miedo. De ahí el binomio amor y libertad tan trascendente y tan enfrentados al mismo tiempo y en tantas ocasiones. Uno crece en la libertad en tanto es individuo, y crece en el amor cuando percibe las terribles consecuencias de la libertad plena: la soledad. Fíjate en la imagen de tu perfil, en el dibujo de la wonder woman: se intenta aunar en él a la mujer sexi con una súper woman que puede volar. Libertad y sexualidad, ahí está el mito del héroe, en aunar los dos cabos de la madeja para atar el alma a la raíz de la palanca que mueve anhelos y corazones : el miedo.
Personalmente mi barrera contra el miedo es la intelectualidad, el análisis sosegado de lo que acontece y la autocrítica como espada de Damocles de cuanto me concierne. Luego, mas tarde, me impregno de los murmullos todos que rondan por la calle y me alejo, si es posible, a un mundo interior para conversar con el hombre que siempre va conmigo como diría Machado
.

o    Al releer este texto me doy cuenta de mi error: el miedo no se vence con la intelectualidad; el miedo se vence con amor, porque la soledad, la soledad profunda, la soledad absoluta es fría, y muerde, y mata. Creo que cuando escribí este mensaje era demasiado suficiente e incluso orgulloso, y que ahora, en muchos aspectos vencido y viejo, entiendo y justifico algunas cosas de las que me han acaecido.

o    Hoy le escribiría a Teresa lo siguiente: No leas ningún libro…:  ama, Teresa, ama sin medida; entrégate al amor sin análisis ni miedo a perder la libertad. Solo se es libre cuando se ama; solo amando podemos pasar del estar al ser, de lo indiferenciado a lo exclusivo,  de lo perecedero a lo eterno. No le pongas al amor más limite que el amor mismo y elévate así por encima de cualquier adversidad. Quedará de esta forma marcada entre los hombres la sombra de tu vuelo y elevarán su mirada al cielo para ver tus alas extendidas. No sé decir más, Teresa. No sé decir más.

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