Un día me puse a leer la prensa española de los años cuarenta intentando saber cómo era
la España en que nací. Me topé con la noticia de que Franco había paseado un brazo de Santa Teresa de Jesús de aquí para
allá, de miseria en miseria y de odio en odio. Un brazo momificado metido en
una funda de plata. Algo así como los dientes cariados de antaño que los
dentistas le ponían una funda de oro. Y tal dislate se hizo con la Jerarquía de
la Iglesia Católica marcando el paso, aplaudiendo y llevando al Dictador bajo palio. Aquel día comprendí que Jesús de Nazaret, si
viviera, no sería Católico. Jesús predicó una doctrina de vida; los hombres la convirtieron
en una doctrina de muerte.
¿Realmente somos una
cultura de muerte? ¿una cultura de cadáveres, de reliquias, de cementerios
estrechos y mal olientes?. En casa, mis antepasados pusieron una capilla y su
altar… Ordené limpiar el artilugio y me dijo Guillermo, mi capataz… ¡hasta
huesos de rata había en un agujero!; se los he echado a Tobi – mi perro - . No
tuve valor de decirle a Guillermo la verdad: en el ara de aquel altar se
conservaban unos huesecillos de la mano de S. Torcuato de no sé dónde. Tobi se
tragó los auténticos huesos de santo.
Pero no tenemos remedio:
por los caminos de España siguen cruzando cenizas, cenizas de muerto metidas en
urnas que los deudos trasladan de aquí a allá para esparcirlas en el tal acantilado del Atlántico, tal rio de Asturias,
en el camino de Santiago o en la Meseta
Castellana. Yo no lo entiendo, pero debe ser así: cada españolito de hoy quiere
que hagan con sus huesos como Franco con Santa Teresa: pasearlos por donde sea,
pero pasearlos al fin y al cabo. Y a ver quién no echa una promesa a un
moribundo y se compromete a hacer un viajecito con la mochila cargada de ceniza de
muerto.
Un chaval de Sevilla
metió las cenizas de su padre en un tetra bric para llevarlo al estadio a ver
al Betis. Las tenía en un bote de porcelana ad hoc; pero en la entrada al estadio no le dejaron pasar por ser el bote ... un objeto contundete; así que tuvo que cambiar las cenizas y ponerlas en un envase de leche pasteurizada. Y es que el padre era socio del club de futbol sevillano y … : pues
eso, que creo que somos un país de pacotilla…¡ con la que está cayendo!. Eso
sí: el sevillano, según dicen, saltaba de júbilo cuando el Betis metía un gol,
y le gritaba a su padre – el del tetra bric - : coño, papa, salta conmigo, y
saltaba el interfecto y el tetra bric haciendo la ola. Este, pienso, era como Franco, pero con
gracia. A este, al sevillano, Jesús de Nazaret le diría: anda majo, deja el paquete y sigueme que eres un tio cojonudo... Seguro que se lo diría.
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