jueves, 9 de agosto de 2012

Cenizas paseando


Un día me puse a leer  la prensa española de los años cuarenta intentando saber cómo era la España en que nací. Me topé con la noticia de que Franco había paseado  un brazo de Santa Teresa de Jesús de aquí para allá, de miseria en miseria y de odio en odio. Un brazo momificado metido en una funda de plata. Algo así como los dientes cariados de antaño que los dentistas le ponían una funda de oro. Y tal dislate se hizo con la Jerarquía de la Iglesia Católica marcando el paso, aplaudiendo y llevando al Dictador bajo palio.  Aquel día comprendí que Jesús de Nazaret, si viviera, no sería Católico. Jesús predicó una doctrina de vida; los hombres la convirtieron en una doctrina de muerte.

¿Realmente somos una cultura de muerte? ¿una cultura de cadáveres, de reliquias, de cementerios estrechos y mal olientes?. En casa, mis antepasados pusieron una capilla y su altar… Ordené limpiar el artilugio y me dijo Guillermo, mi capataz… ¡hasta huesos de rata había en un agujero!; se los he echado a Tobi – mi perro - . No tuve valor de decirle a Guillermo la verdad: en el ara de aquel altar se conservaban unos huesecillos de la mano de S. Torcuato de no sé dónde. Tobi se tragó los auténticos huesos de santo.

Pero no tenemos remedio: por los caminos de España siguen cruzando cenizas, cenizas de muerto metidas en urnas que los deudos trasladan de aquí a allá para esparcirlas en el tal  acantilado del Atlántico, tal rio de Asturias, en el camino de Santiago  o en la Meseta Castellana. Yo no lo entiendo, pero debe ser así: cada españolito de hoy quiere que hagan con sus huesos como Franco con Santa Teresa: pasearlos por donde sea, pero pasearlos al fin y al cabo. Y a ver quién no echa una promesa a un moribundo y se compromete a hacer un viajecito con la mochila cargada de ceniza de muerto.

Un chaval de Sevilla metió las cenizas de su padre en un tetra bric para llevarlo al estadio a ver al Betis. Las tenía en un bote de porcelana ad hoc; pero en la entrada al estadio no le dejaron pasar por ser el bote ... un objeto contundete; así que tuvo que cambiar las cenizas y ponerlas en un envase de leche pasteurizada.  Y es que el padre era socio del club de futbol sevillano y … : pues eso, que creo que somos un país de pacotilla…¡ con la que está cayendo!. Eso sí: el sevillano, según dicen, saltaba de júbilo cuando el Betis metía un gol, y le gritaba a su padre – el del tetra bric - : coño, papa, salta conmigo, y saltaba el interfecto y el tetra bric haciendo la ola.  Este, pienso, era como Franco, pero con gracia. A este, al sevillano, Jesús de Nazaret le diría: anda majo, deja el paquete y sigueme que eres un tio cojonudo... Seguro que se lo diría. 

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