sábado, 30 de junio de 2012

Vida de perro


Hoy asistí a un velatorio. El muerto era un amigo albañil, constructor, activo, trabajador…; un luchador nato. Ha muerto de un infarto a los cincuenta años. Bueno, pues ya está, así es la vida, hay que seguir, ánimo, adelante, su esfuerzo dejará huella…, y cosas parecidas le decía a unos de los deudos delante del cadáver de mi conocido que estaba allí, en su caja, muy serio, quietecito, detrás del cristal de la salita del tanatorio. Ya ve usted, me contestó el deudo: era un luchador, un hombre de empuje, un hombre que ha dado la cara…; Era como usted, lo mismito que usted…; no hay que tomarse la vida tan a pecho;  y ya ve: él, por el muerto, en su caja; y usted viviendo solo como un perro en la Almedina ( mi casa se llama así)…, mejor vivir tranquilo.
A la vuelta del velatorio  le he abierto la puerta del patio a Tobi ( mi perro) y le he echado un trozo de jamón al chucho. ¡Coño!, Tobi, le he dicho: cómetelo despacio…  Y Tobi ha movido el rabo alucinando pepinillos. ¡Ah!, la vida de perro. Guau, guau, guau tengo gana esta noche de gritarle al mundo

Ausencia


Hubiera dado años de mi vida por no haberte conocido.  Por no saber, siquiera, que podías existir;  por no palparte como lo hago ahora:  permanente, presente y alejada.
 Hubiera dado años de mi vida para no seguir sintiendo que  añoro “ un pensamiento muy dulce, un paseo por tus días, un susurro que no acabe”. Saber que existes, y estás. y te aproximas…; saber que un día “buscabas mi mirada, unas manos llenas de palabras, un descanso a la orilla de mis besos”. Saberlo, y sentirte en los brazos de otro hombre, danzando por la vida pegado a tus costuras... Saberlo es vivir para seguir muriendo..

Daria  años de mi vida porque mis manos no hubieran danzado por tu piel, porque tu voz no hubiese llegado a tus adentros, ni mis acordes rozaran tus entrañas. Si pudiera retroceder el tiempo y matar mi pasado, lo haría, lo quiero, lo suplico. Si pudiera…

Pero te has quedado aquí, pegada a las paredes, adherida al viento. Te has quedado en un susurro constante en mi almohada, en la pasión muda, ciega, sin norte y sin sentido que me lleva a tus orillas todas, a la imagen que recrean mis manos y descansa en mi pecho. Te has quedado en la brisa, y en la tarde, y en el aire que respiro y en cada latido de mi alma. Te has quedado aquí como se queda el tiempo… inalcanzable, inmaterial, eterno.

Hubiera dado años de mi vida por no estar  asomado a tu playa... y soñarte, y sentirte, y vivirte en tu ausencia. ¡Ah!, si pudiera...

jueves, 28 de junio de 2012

La tienda de campaña


Creí que no podría olvidarte y ya ves: te estoy olvidando a fuerza de no verte por estar metida en una tienda de campaña. La imagino de las canadienses, , de las que tienen un palo en el centro y hay que tener cuidado al moverse para no tropezar con él – con el palo quiero decir –, no sea que caiga y arrastre de paso esquinas, duendes o mariposas. Claro que siempre se puede sacar la cabeza, hundido el chiringuito, y abierta la cremallera – de la tienda de campaña, claro – y vocear al viento: ha sido un descuido entre tanto anhelo. ¡Uf!, a levantar de nuevo el chiringo y quién sabe, a lo mejor, vuelven las olas a besar la arena de la playa al día siguiente.

La cola del médico


LA COLA DEL MÉDICO







En el pueblo. ir al médico es  mas que estar enfermo. Ir al médico tiene su fundo y su forma, su antecedente y su consecuente. Uno se pone malo, como en todas partes, y acude a la consulta llanamente; pero el transfundo de la enfermedad es bastante más complejo. La enfermedad además de una dolencia, grande o chica, es un derecho y un acto social  que confiere al paciente un cierto pedigrí. En el pueblo la enfermedad está asociada al paciente, su familia, sus antepasados o su fortuna. La enfermedad es, mas que está, en determinadas personas.


-          A fulana ya le ha dado la diabetes de su madre. Vino ayer con los análisis y me lo dijo.

-          Pues a los Gatos – la familia de los Gatos – no les ha dado el azúcar. Eso viene de Gumersindo el de la Niña Carmen.


Y conversaciones por el estilo.

En la cola del médico están los crónicos y los eventuales. Acuden también los recogerrecetas y los paniaguaos de los enfermos que no pueden acudir a la consulta. 

Cuando el enfermo es agudo y relativamente grave, o así lo entiende el familiar afectado, lo llevan a la capital de inmediato, e ingresa por urgencias en le hospital. Familias hay que van a urgencias cinco o seis veces al año. Nadie se extraña de que fulano esté en urgencias, o haya llevado al hijo, o a la madre, o a la tía a la capital. Ir  a urgencias no implica mucho. Ir a urgencias es como ir a la Farmacia o al practicante, o al curandero.

Cuando uno va al médico por lo particular la cosa cambia. Allí ya hay maldad preocupante y cierta.

Lo cierto es que Nela empieza a comprender la idiosincrasia de la consulta del medico y participa en ella, porque, en general los enfermos la quieren y la miman. Los enfermos llegan a la puerta del Ayuntamiento sobre las ocho de la mañana y hacen cola para coger numero y entrar los primeros.

- Así no tengo que esperar  explica la Ramona cuando, después de dos horas de espera, le toca el numero dos.    

Por lo particular, como decía antes, se invierte el proceso. Uno llega con cita a las seis y queda gustoso en la sala de espera hasta las ocho. Dos horas que uno paga y disfruta en silencio del silencio de los demás pacientes; porque por lo particular uno está callado y mustio, por que para eso está malo.

A Nela le cuesta entender estas cosas. Ella sabe que por la mañana le dan alguna cosilla, algún halago, algún saludo. Ella sabe que cada día hay en la Plaza ocho o diez personas que esperan, y sabe que están allí junto a la puerta que huele a alcohol y a potingue. Evito explicarle por qué la gente espera para no esperar y por que estar malo representa algo prestigioso si la afección es ligera. Son cosas de hombres, Nela, le digo; no intentes entender a lo humano, porque si todo lo humano fuera explicable ya no seria humano y en el fondo se desluciría y olería a pretencioso. Así que ante la cola del medico para no esperar saludamos, y continuamos camino de la panadería.

miércoles, 27 de junio de 2012

Anhelo eterno


Me encontraré a mi mismo entre tus labios
Por obra y arte de un anhelo eterno y renovado
En cada amanecer, en cada noche,
En cada despertar, en cada instante
En cada latido, amor, de este pecho mio
Que sigue latiendo por amarte

martes, 26 de junio de 2012

Grilletes oxidados


         Añadiste eslabones a la cadena antigua,
a la oxidada;
a la cadena aquella que arrastraba en tu ausencia.

Grilletes del tiempo amarrados a mí
sin saber que existían...
Y llegaste tú y los hiciste ciertos,
negros, ensangrentados, pintados de amarillo.

E hirieron mis tobillos hundidos en el cieno.
Y yo no lo sabía ...
Hasta que tú llegaste y los hiciste ciertos.
Hasta que apareciste y apareció mi miedo;
y creamos un sueño para matarlo luego.

Y yo no lo sabía...,
grilletes enlutados de un hombre sin esquinas,
grilletes asomados a la orilla del viento,
grilletes arrastrados por un camino incierto...
Y yo no lo sabía.

Pensé que me abrazaba el soplo de la vida
que la cadena aquella era tan solo era un cuento,
un cuento del pasado contado en mis rodillas
a la luz de la lumbre...
a la luz de aquel sueño.

Pero no; no era un cuento. Ni un poema,
ni un verso, ni un juguete dejado,
ni un señorito infame,
ni el murmullo del eco. Era más:
Eran los miedos todos de un cobarde sin tiempo.

Y yo no lo sabía...
y arrastraba mis ansias y dormía mis silencios
Hasta que tú llegaste y dejaste en mi alma
la sombra de tu vuelo.

No soy lo que quisiera,
Soy lo que soy, amor, :tan solo eso.

El primer encuentro


EL PRIMER ENCUENTRO



Será, mujer, como un amanecer,
como una caricia, como un mensaje;
se cobijará el amor en tu sonrisa,
en tus labios, en tu pelo, en tu cintura…

Será encontrarte en tu andar, en tu cadencia,
en la noche que vendrá a buscarnos.
Será, amor mio, la brisa y la sal
de un mar anchuroso y sosegado,
el murmullo del viento…, cada ola,
Será, mujer, saber que te amo y que me amas.

Estaré esperando donde tú me digas,
estará tu vuelo donde cobije el alma,
y allí los dos, atardecidos,
aguardaremos que llegue la mañana.

Y cuando llegue, y nos encuentre juntos,
y me despierten, de nuevo, tus entrañas
sabremos que existo porque existes,
abrazado a tu amor, soñando con tus ansias...

lunes, 25 de junio de 2012

¿Escribiré?


¿Escribiré de amor…?; no puedo. Ni una palabra, aunque sea muda; aunque no diga nada, aunque solo cite una costura tuya, o un sendero, o una lágrima, o un olvido, o una plegaria. Nada, aunque no diga nada. No escribiré ni una sola palabra de amor. No puedo.

¿Escribiré del rencor tuyo…?; no puedo. Ni un reproche, ni un tópico, ni un silencio, ni siquiera el odio amalgamado de nostalgia. ¿Cómo puedo escribir sobre el rencor si amo. ¿Cómo puedo pronunciar esa palabra…, rencor, si no articulo un solo pensamiento que no venga de la memoria intensa, apasionada, dolorida, ausente… de mis ansias ancladas en tu piel y en tus besos?. Labios tuyos impregnados de miel, entrañas que se mecen al ritmo de la brisa y la lluvia constante que mojaba el jardín. No escribiré una sola palabra sobre el rencor tuyo. No acunaré si siquiera un lamento.

¿Escribiré de olvido?; no puedo; ¿puede  olvidarse la luz?, o ¿el agua del bautismo de amor?, ¿dos besos en una gasolinera?, ¿la cadencia del mar en una playa nuestra, solitaria y nuestra?,¿ tus brazos arracimados a mi cuello?, ¿la plenitud de tu mirada?, ¿ la noche toda que se asomó a mirarnos y a bailar con nosotros bajo el cielo estrellado?. ¿Cómo puedo olvidar lo inolvidable? ¿ como puedo escribir y no palparte?, ¿Cómo puedo escribir y estar despierto?

¿Escribiré de ausencias…?, ¿de ausencias de amor?...no puedo. No hay ausencia si se vive tanto, no hay ausencia si te estás muriendo sabiendo que no está y existe, sabiendo que no existe si me agarro a tus contornos sabidos, a tu pecho anhelado, a un murmullo de besos… que se han quedado aquí, pegados, adheridos, ciertos…; Y que aún están, y los oigo y los persigo, y se escurren, y se aproximan y me están volviendo loco.

No escribiré pues de amor, ni del rencor tuyo, ni de olvido anunciado, ni de ausencias dolidas… ni de besos. Esta noche no. Esta noche lo he dicho ya todo. No puedo escribir ni una palabra más.

miércoles, 20 de junio de 2012

La sombra de tu vuelo

¿Se ha quedado la sombra de tu vuelo entre mis manos?,
¿tan solo eso?...
No hay sombra sin sol que la proyecte,
ni vuelo sin libertad.

¡Ah!, la sombra de tu vuelo:
Jugaré con ella cada tarde,
la seguiré tras la lámpara encendida,
la alcanzaré, quizás, sobre una mesa
llena de nostalgias y deseo.

¡Ah!, la sombra de tu vuelo:
Abriré el cristal de la ventana
para aguardar, si parte, su regreso,
sentarla en mis rodillas,
acariciar su pelo...

Seguiré su rastro por mi alma...,
¡Ah!, la sombra de tu vuelo.

Lucia Serrano

Lucia Serrano Espejo es mi amiga en el Face, y dice que le gusta lo que escribo. ¡A mí sí que me gusta lo que escribe ella! . Su poesía es magia de puro simple, de puro natural, de puro sentimiento de esperanza. ¡Ah!, si yo supiera escribir como Lucia le diría lo que sigue, aunque al lado del pensamiento de mi amiga, mis letras suenen a pastiche:


Tú, y como yo te leo;
acumulando en versos cada día,
la emoción que brota de tu alma.

Tú, y como yo te veo;
dejando atrás historias doloridas,
y metiendo palomillas en tu casa,
al calor del brasero.

Tú, y como yo te quiero;
agarrada a ser tú por sentimiento
y agarrada a un vivir esperanzado...
en ansias de un mañana.

No dejes de escribir, Lucia Serrano:
y llena mi vida de esperanza.

POEMA DE LUCIA SERRANO
Tu y como vivas,
cada emocion , sera tu fuerza ,
o tu dolor ,,,

Siempre la ilusion ,
pone sentimiento ,
viste de un color ,
que es calma en el cuerpo ,
Ese azul celeste ,
ese que crece en los valles ,
... donde el verde predispone ,
a pintar ya la esperanza ,,,,

Salidas y solo eso ,
es forjarse en experiencias ,
esas solo son los rios ,
donde se riegan las siembras ,,,

Fiesta es risa que hace gloria ,
que se instala en los rincones ,
entre las venas y la sangre ,
forma la salud que es fuego ,
por que el dolor no camina ,
que le mando hacer destierro,,,,

martes, 19 de junio de 2012

Mi mesa


LA MESA





Mi mesa de trabajo:
mi vieja y polvorienta mesa de trabajo
llena de afanes olvidados,
recuerdos  y quimeras.
 

En tu  estructura de pino se ha forjado
parte de mi vida.
Vetas  segovianas llevadas al Sur .
Mi mesa de un sótano añadido
a días sin ventura.


 Sabes tú de sinsabores ,
papeles cotidianos , anhelos  y poesía
mas que de triunfos y oropeles.


En tu cajón derecho está el presente;
en el centro el futuro hecho ficha y cuartilla,
en el izquierdo, asuntos olvidados;
y, ocupando el hueco del tintero,
 el ansia ineficaz de lo inmediato,
y el alma mía , mi mesa de trabajo,
que en silencio , sobre ti ,se duerme en el tablero.



CUENTO VERIDÍCO DEL SEÑOR

DEL BOTÓN
















Sobre una encalada pared del Portalón  de la Casa Grande de Escúzar se encuentra el retrato del Señor del Botón ( D. Francisco de Fonseca y Campos ) , antepasado común de los pocos que espero lean estas cuartillas,  que tenia un botón desabrochado de la bragueta  cuando le hicieron la foto. De ahí su sobrenombre centenario de Sr. del Botón. Pues bien, un día de los interminables que ha pasado y pasa en su fotografía , al atardecer, cuando por la ventana de la Plaza entraba el sol matizando las motitas de polvo, el Sr. del Botón , cansado de su mote, levantó la mano de  su rodilla izquierda  , la dirigió certero a la bragueta y abotonó en un instante el pantalón.

  Extemporáneo abroche declaro;  oportuno y certero movimiento   voceo, que luce ahora en la pared D. Francisco con su bragueta cerrada, con su chaleco impoluto y con un talante bastante más ajustado a su vida y maneras de caballero recio y cristiano viejo.

    Give me five , D. Francisco , le digo frecuentemente al pasar , con la esperanza de que, de nuevo, alargue su mano desde el respaldo de la silla y la choque  veloz con la mía. Demasiado de prisa para mi …  up high, dowm low, yu are too slow 

domingo, 17 de junio de 2012

El hoyo de pan y aceite.


Éramos amigos. Hace una eternidad llegaba a mi casa a que le dieran la merienda y luego jugábamos a ser amigos. Sabía subirse a los arboles, llegar hasta los nidos, pisar los charcos en los días de lluvia y apedrear a los perros pegados. Yo no; yo no sabía hacer esas cosas. Los nidos no se cogen, los zapatos relucen y cuando los perros se pegan se mira a otra cosa…; Yo sabía el francés ñoño de mi institutriz de pacotilla, y él mascullaba el arameo entre el frio o el barro. Luego se comía el hoyo de pan con aceite y azúcar y se iba a su casa que era hora de que el señorito  hiciera la plana de redondilla y las cuentas.

Y pasaron más de cincuenta años.

Cuando llegó al hospital yo me moría y apenas lo pude reconocer. Estaba calvo, destartalado y con una mujer alemana enorme... tan vieja como él, o más.   Empezó a hablarme de usted desde los pies de la cama. De pronto abrió una bolsa del Mercadona y sacó una hogaza de pan de pueblo. Luego una botellita de aceite y una navaja. El azúcar estaba liada en un papelito.
Toma, me dijo, me dio un abrazo y se fue.  Yo me quedé con mi soledad y sin apedrear a los perros pegados; pero tenía allí, en mi cama, un hoyo de pan y aceite y un montón de lágrimas.

Seguir viviendo.


Sin más meta que apaciguar el tiempo,
apresarlo, retrasarlo si quiero,
acariciarlo incluso,
estrangular las manecillas del reloj…,
si puedo.


Sin más ansias que acurrucar las nanas de tu abuela,
hacerlas mías,
susurrarlas a tu oído sentada en mis rodillas,
jugar a encadenarme a tu piel…,
y a tu aliento.


Sin más camino que amarte en la noche de siempre,
permanecer oculto,
ampararme en la oscuridad para acercarme
y mecerme en el calor del sentimiento…,
antiguo.


Sin más esperanza que no leer tus cartas,
sin más anhelo que no entender tus letras,
sin más luz, ni más norte, ni más vida
que  arrastrarme a la sombra de tu vuelo…,
de antes.


 Sin más yo que ser tú en cada instante,
sin saber si quedan ascuas en el brasero de carbón
movido de alhucemas,
sin saber si el olvido me ha arrastrado por años de tu vida…,
años perdidos, angustiosos, míos.


 Sabiendo solo que existo porque existes,
Le pido a Dios la muerte, para seguir viviendo.




martes, 12 de junio de 2012

Quiero


Cuando mis ojos estén saciados de ti,
calmados por la muerte, ¿o por el sueño?
Cuando el desván de tus anhelos  permanezca ordenado,
Y la cordura llegue mecida por el viento…


Cuando el caos de mi lecho deje paso
a una sábanas tersas y obsesivas,
y acurruque tu  alma una nana de esperas
enlazando tus labios a cada sentimiento…

Cuando la lluvia caiga sobre siembras resecas
y la escuchemos juntos mojando las aceras,
y  podamos mirarnos sin más meta que mirarnos tan solo…

Cuando llegue la tarde, aunque te sienta lejos,
y aprenda a pensarte y escucharte en el silencio
Sabré que ya he llegado…; Podré decir, te quiero.

lunes, 11 de junio de 2012

Epílogo

Se despertó con la resaca del último abrazo pegada a la garganta, se miró en el espejo esperando encontrar su pobre alma perdida, lo único que vió fue la decisión recién parida... y se vistió despacio contemplando su sombra bailando por la estancia, preparó su equipaje: algunos viejos versos, un cuaderno de descuidos repleto de inquietudes mal contadas... sus vaqueros raidos, el último cuento al calor de la lumbre... se calzó sus botas eternas, echo mano a su bolso y salió cerrando despacio la puerta de la casa.

Le dejó de recuerdo tan sólo una lágrima que cayera en la almohada aquella madrugada, y el olor de sus manos metido en la entretela de su reseco olvido... le dejo su mirada en cada despertar y algo más de mil besos jugando al escondite en los días de lluvia ( Pilar Tejero. Cuaderno de descuidos; anhelos. Bogstop junio 2012)
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Y este relato terminó como sigue:

Y se quedó el olvido apresado en sus besos, y llamó cada noche a sus entrañas todas, y mojó la almohada con cien lágrimas suyas jugando al escondite en cada madrugada

domingo, 10 de junio de 2012

A la sombra de tu vuelo

.
Erase una vez un Rey que no era rey, y ni siquiera presidente de cualquier republica normalita de andar por casa. No era tampoco barón por no tener dineros para alargar la "v" y transformarla en "b", y empezó a no quedarle ni la "b" ni la "v".

Así que un día pensó: me casaré con quien me traiga a palacio unas botas katiuskas; y pueda pisar charcos y dejar de ser Rey.

Así pues, y animado en quizás su ultimo celo cagalero, envió un mensaje por todo el reino anunciando sus intenciones en un curriculum cuidado y primoroso de media página y sin foto.

Y le llegó una moza republicana y tersa y le puso en la mesa una renuncia cierta para seguir hablando



-       Dimite y hablaremos.

-       Bueno…, si yo no soy dada; ¿de qué voy a dimitir?

-       De tu reino.

-       Tengo que acudir a mi pasado; me ha llamado mi pueblo.

-       No tienes pueblo, ni alma, ni pasado. Eres un miserable roto y apenas te queda un trocito de “v”.

-       Yo soy yo.

-       Tú eres yo, o me marcho y me llevo las botas katiuskas

-       Es de noche…

-       Es mi tiempo

Y el Rey que no era rey, ni barón, ni presidente de la republica de andar por casa se puso sus últimos zapatos de charol que le hacían daño en dedo gordo y se metió en la alberca de los jardines de palacio hasta que el agua le llegó por la cintura. Luego, se tendió sobre las camas de rana y acarició un agua inexistente.








Donde yo te mande


Pensé que era septiembre y tú me acariciabas. Pensaste que acudíamos al parral a recoger pezones y llevarlos de mi boca a la tuya. Dulces, arracimados, míos. Pero se guardaban en bolsas de papel y las avispas todas zumbaban por la boca. Amaste sin amarme y sin saber que luego se atragantarían cien viejos al ritmo del reloj. Más allá de los cuartos, en cada campanada, en cada estupidez colgada del champán entre una nube de confetis.

Una, dos, nueve… doce: feliz futuro de un amargo tiempo ido en insultos y en besos y en nostalgia.

Y me quedé adherido a un sueño imaginado.

-       La culpa es tuya. Si vienes y los coges…

-       ¿los pezones?

-       No; las campanadas, y el tiempo, y las avispas todas.

-       No puedo; están metidos en cartuchos de papel.

-       Entonces no me ames; no acaricies mi pelo, no tientes las cimas de mi cuerpo. Olvídame si puedes y olvidaré si puedo.

-       No me dejes; te amo.

-       No te dejo, te espero; pero has de tragarte las avispas, y el tiempo, y los confetis y hasta el collar de perlas que pusiste en mi cuello.

-       Estamos en septiembre…, vida mía.

-       Estamos donde yo te mande; estamos en enero.

Y me quedé dormido debajo de una parra inexistente, tiritando de frio por estar en enero.

martes, 5 de junio de 2012

MADRE


MADRE



Hoy supe que ya te conocía:
¿ recuerdas? :  paseábamos juntos
por una Alhambra sola,
música nuestra
 derramada en sus muros rojizos.

¿ Recuerdas ? :
Jugamos a escondernos en  los jardines todos,
cogiendo mariposas en nenúfares blancas,
( puestas allí para coger mariposas).

¿Recuerdas?:
Lanzábamos hojitas por las cascadas chicas
que bajaban cargadas de barcos de papel.


Hoy he  pasado a tu derecha...
y te he reconocido ; ¿ o a tu izquierda? ,
jugando a aproximarme a cuaresmas  de luz.


¿ Pero y tu voz , madre ? :
¿ Qué ha sido de tu voz?.
Me aguardabas de nuevo en caricias  azules,
me ofrecías  regazos  para una eternidad

Pero ¿ y tu voz ? .
 No puedo escuchar su voz:
No  recuerdo tu voz , madre,
y temo que te alejes si no la reconozco.


- Ven , acércate , hijo , que no llego hasta ti.
- ¡Ah ! , no muevas el brasero
que las piernas son charcos de la lluvia celeste,
y la noche nevada , y la luna de siempre,
y tu  soledad de niño solo, hijo :

absolutamente solo,
 llamando a mi puerta moribunda.


Naufragio de mi alma :
naufragio en el secano,
 en el secano ardiente
 de un Sahara venido:

              ¿ donde ha quedado tu voz ?, madre;
¿ en las ramblas de Escúzar ?,
¿ en los álamos viejos? ,
¿ en los tomillos todos?  ,
¿  en el sol de  poniente?


Hoy he buscado en lunares de yeso
 rajados de bravanes en quejidos de luz,
allí donde soñamos,
allí donde estuvimos,
allí  donde he sentido el eco de tu voz .

 Lo sé ; lo  he escuchado
pero no recuerdo:
 el tono , madre :
 la voz tuya que llama, susurrante y,  amiga …:
la voz  que era refugio ,
la  voz que me llamaba …antes !:

                         - ven, hijo, que  marcho, y quiero acariciarte.

Y se quedó dormida en mi hombro de niño,
y notaba sus labios 
(  morados,
 y sus manos largas como la vía láctea.

Medio  millón  de estrellas, que te mando en el  tren.
Mil constelaciones mas que te devuelvo mías:
Piiii, piiiii …. , las luces del juguete derramando nostalgias :

              Juguemos , madre, al escondite eterno.
Nuestro tren dando vueltas por la mesa camilla,
              por un cielo acolchado en luces amarillas
 próximo y querido.

Por un cielo añorado para toda la vida,
por un poniente tuyo en tus ojos vidriados .


- Corre , hijo, que el vagón se ha dormido
en manteles de ensueño:,
escondites eternos  sobre Granada virgen .
cinco , seis , siete ocho ….,

·       No puedes contar , que estar dormida.
·       No puedes jugar, que estas ya muerta

Y  yo  también me  quedé muerto y aterido.


Hoy supe que ya te conocía:
¿ recuerdas ? : de siempre, de cien años atrás.
Te había visto mirarme ,
y acariciar mi pelo con  dedos largos
                                      ( azulados.

Mientras, madre : te morías materialmente.

domingo, 3 de junio de 2012

Me quedé en tus senderos


Sube por mis costuras, si te atreves,
sube hasta llegar a la cima de un recuerdo que soñamos...
sube por mis costuras, si te atreves,
y deja tus huellas lentas en un anhelo antiguo.

Sube al tiovivo de mis besos, si te atreves,
y juega una y otra vez a vestir mi piel con tus deseos,
sube tu despertar hasta mi boca, si te atreves,
y toma mis suspiros en tus labios,

Sube por todos mis senderos, si te atreves,
sube hasta mis cumbres y conquista tu terreno...
trágate la distancia que nos une, si te atreves,
y pon tus ansias a correr como locas por mis venas.

Sube tu mirada reposando en mis esperas... si te atreves

 ( P. Tejero. Cuadernos de descuidos, anhelos. Bogger.com. junio 2012)
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Ya estoy en ti, y permanezco vivo.
Respiro y siento como tú me dices.
Acaricié el presente sin ser mío
y el pasado todo se hizo dolor sin tregua.


Atrévete tú a mirarme a los ojos,
Atrévete a matarme de nuevo,
sabiendo que el cobarde que tú amaste
levanta la cabeza para seguir tu vuelo.


Y así, de madrugada, cuando duerma,
cuando las ansias las acaricie el sueño,
sabrás que existo porque existes
y el duelo de mis ojos
se quedó en tus senderos.