lunes, 11 de junio de 2012

Epílogo

Se despertó con la resaca del último abrazo pegada a la garganta, se miró en el espejo esperando encontrar su pobre alma perdida, lo único que vió fue la decisión recién parida... y se vistió despacio contemplando su sombra bailando por la estancia, preparó su equipaje: algunos viejos versos, un cuaderno de descuidos repleto de inquietudes mal contadas... sus vaqueros raidos, el último cuento al calor de la lumbre... se calzó sus botas eternas, echo mano a su bolso y salió cerrando despacio la puerta de la casa.

Le dejó de recuerdo tan sólo una lágrima que cayera en la almohada aquella madrugada, y el olor de sus manos metido en la entretela de su reseco olvido... le dejo su mirada en cada despertar y algo más de mil besos jugando al escondite en los días de lluvia ( Pilar Tejero. Cuaderno de descuidos; anhelos. Bogstop junio 2012)
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Y este relato terminó como sigue:

Y se quedó el olvido apresado en sus besos, y llamó cada noche a sus entrañas todas, y mojó la almohada con cien lágrimas suyas jugando al escondite en cada madrugada

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