Creí que no podría
olvidarte y ya ves: te estoy olvidando a fuerza de no verte por estar metida en
una tienda de campaña. La imagino de las canadienses, , de las que tienen un
palo en el centro y hay que tener cuidado al moverse para no tropezar con él –
con el palo quiero decir –, no sea que caiga y arrastre de paso esquinas,
duendes o mariposas. Claro que siempre se puede sacar la cabeza, hundido el
chiringuito, y abierta la cremallera – de la tienda de campaña, claro – y vocear
al viento: ha sido un descuido entre tanto anhelo. ¡Uf!, a levantar de nuevo el
chiringo y quién sabe, a lo mejor, vuelven las olas a besar la arena de la
playa al día siguiente.
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