domingo, 10 de junio de 2012

A la sombra de tu vuelo

.
Erase una vez un Rey que no era rey, y ni siquiera presidente de cualquier republica normalita de andar por casa. No era tampoco barón por no tener dineros para alargar la "v" y transformarla en "b", y empezó a no quedarle ni la "b" ni la "v".

Así que un día pensó: me casaré con quien me traiga a palacio unas botas katiuskas; y pueda pisar charcos y dejar de ser Rey.

Así pues, y animado en quizás su ultimo celo cagalero, envió un mensaje por todo el reino anunciando sus intenciones en un curriculum cuidado y primoroso de media página y sin foto.

Y le llegó una moza republicana y tersa y le puso en la mesa una renuncia cierta para seguir hablando



-       Dimite y hablaremos.

-       Bueno…, si yo no soy dada; ¿de qué voy a dimitir?

-       De tu reino.

-       Tengo que acudir a mi pasado; me ha llamado mi pueblo.

-       No tienes pueblo, ni alma, ni pasado. Eres un miserable roto y apenas te queda un trocito de “v”.

-       Yo soy yo.

-       Tú eres yo, o me marcho y me llevo las botas katiuskas

-       Es de noche…

-       Es mi tiempo

Y el Rey que no era rey, ni barón, ni presidente de la republica de andar por casa se puso sus últimos zapatos de charol que le hacían daño en dedo gordo y se metió en la alberca de los jardines de palacio hasta que el agua le llegó por la cintura. Luego, se tendió sobre las camas de rana y acarició un agua inexistente.








No hay comentarios:

Publicar un comentario