“Letras
que llegan cómo suspiros, se cuelan en el alma, ocupan su sitio y parece que
estuvieran desde siempre en mis adentros.
Letras nacidas entre murmullos a la luz de tu
sombra; letras que ponen entre tus manos aquello más preciado "La sombra
de mi vuelo".
Pilar Tejero: cuaderno de descuidos. Agosto 2012
Era
un veintitrés de febrero y amaneció claro. Amaneció porque tenía que amanecer,
no por otra cosa. Subió mi padre a despertarnos luego. Y lloraba. Lloraba
detrás de unas gafas de verano, y lo supe: te habías ido. Para siempre, madre,
te habías ido. Te habías ido sin mí, y yo no pude entenderlo nunca. Seis años
tan solo, madre; un niño sin tus besos y seis años. Una vida entera para
meterla en un baúl de seis años. Una vida entera por delante. Y nacieron las
letras…
Bajamos
la escalera y cerraron la puerta. Y supe que estabas allí detrás, muerta, callada, con
los labios morados y la mortaja puesta. Y quise pegarme a la madera, y aplastar
la mirada, y clavar las uñas en mis venas, y morirme contigo, madre, morirme
contigo para siempre… acompañarte: y nacieron las letras.
No
fui a tu entierro, madre; pero lo presenció mi alma. Te sacaron a hombros y la
gente lloraba, y tú te mecías en tu caja como mueve el viento las palmeras. Y
me llamabas: hijo, no te dejo; te esperaré siempre; y seremos los dos; y ya
verás, habrá una luna nueva para ti, vendrá mi caricia cada tarde…, y hundías los
dedos en mi pelo , madre, mientras yo en
el jardín cortaba unas violetas. Y allí llorando, madre, nacieron, en tu nombre,
las primeras letras.
Y
las guardé, una a una, en el baúl de antaño;
y las dejé salir, y amé con ellas, y acariciaron sueños y nostalgias, y
mundos de color, y murmullos de agua. Me acompañaron siempre, madre… “Letras
nacidas entre murmullos a la luz de mi sombra; letras que ponen entre mis manos
aquello más preciado "La sombra de tu vuelo", y nacieron las
letras: y supe que eran mías, y supe que eran tuyas.
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