lunes, 13 de agosto de 2012

Y nacieron las letras


“Letras que llegan cómo suspiros, se cuelan en el alma, ocupan su sitio y parece que estuvieran desde siempre en mis adentros.

 Letras, tus letras; precisas y eternas... repartiendo caricias, ternuras, pasión y locura... letras que bailan en mis entrañas, que acogen soledades para mecerlas.


Letras nacidas entre murmullos a la luz de tu sombra; letras que ponen entre tus manos aquello más preciado "La sombra de mi vuelo".

Pilar Tejero: cuaderno de descuidos. Agosto 2012




Era un veintitrés de febrero y amaneció claro. Amaneció porque tenía que amanecer, no por otra cosa. Subió mi padre a despertarnos luego. Y lloraba. Lloraba detrás de unas gafas de verano, y lo supe: te habías ido. Para siempre, madre, te habías ido. Te habías ido sin mí, y yo no pude entenderlo nunca. Seis años tan solo, madre; un niño sin tus besos y seis años. Una vida entera para meterla en un baúl de seis años. Una vida entera por delante. Y nacieron las letras…

Bajamos la escalera y cerraron la puerta. Y supe que estabas allí detrás, muerta, callada, con los labios morados y la mortaja puesta. Y quise pegarme a la madera, y aplastar la mirada, y clavar las uñas en mis venas, y morirme contigo, madre, morirme contigo para siempre… acompañarte: y nacieron las letras.

No fui a tu entierro, madre; pero lo presenció mi alma. Te sacaron a hombros y la gente lloraba, y tú te mecías en tu caja como mueve el viento las palmeras. Y me llamabas: hijo, no te dejo; te esperaré siempre; y seremos los dos; y ya verás, habrá una luna nueva para ti, vendrá mi caricia cada tarde…, y hundías los dedos  en mi pelo , madre, mientras yo en el jardín cortaba unas violetas. Y allí llorando, madre, nacieron, en tu nombre, las primeras letras.

Y las guardé, una a una, en el baúl de antaño;  y las dejé salir, y amé con ellas, y acariciaron sueños y nostalgias, y mundos de color, y murmullos de agua. Me acompañaron siempre, madre… “Letras nacidas entre murmullos a la luz de mi sombra; letras que ponen entre mis manos aquello más preciado "La sombra de tu vuelo", y nacieron las letras: y supe que eran mías, y supe que eran tuyas.





 




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