La soledad muerde,
pero no pesa.
Te rodea, te aprisiona, te hace suyo...,
pero no pesa.
La soledad acaricia, entumece y mata;
pero es liviana como el
viento, como el recuerdo tuyo,
como la via lactea.
Acaso te echo de menos, dices tú,
y se desvanece;
pero sabes que volverá
mañana,
y esta noche, y ya ..., y siempre.
¡Ah!, la soledad, sabiendo que
tú existes,
es desgarradora y cruel.
Solo eso: desgarradora y cruel;
lo demás
carece de importancia,
y pasa.
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