miércoles, 4 de julio de 2012

La pancarta

Me vestiré de nuevo este domingo; con un traje de Gales, ¿y una camisa blanca?. Me vestiré y lustraré los zapatos negros: los de los bautizos y las bodas. Pasearé así desde el Ayuntamiento a la Parroquia por la acera anchurosa de tus letras, por el zaguán estrecho de mi alma.
Como una pancarta, sí: como una pancarta de mí mismo; como un grito de sentimientos, de pasiones, de nostalgias. Una pancarta que proclama mis miedos todos, mi sed de existir; Una pancarta amarrada, puede ser, a esa playa que describes desierta...
Y para no dolerte, cuando crucemos la mirada, simularé ojear un escaparate de bombones cubiertos por papel de plata. Letras de un adiós desvanecido, extendido en la arena como la espuma de las olas.
Sí; me vestiré de nuevo para decirte adiós este domingo, y esperaré la siguiente ola esperanzado en que llegue el agua hasta mis pies y los moje en murmullo de besos. Sólo gritar que estoy aquí y existo. Quizás sea eso lo único que, vestido de domingo, dice la pancarta

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