martes, 17 de julio de 2012

Barbechos de un mañana


Me escondí en el blanco roto de las sábanas para romper este silencio de plomo impropio en mí... escuché el crujir del blanco sobre mi pecho cuando se rompía. Mis palabras, sin embargo, se negaron a ser las asesinas del silencio. Y cayó sobre mí el cuarto menguante de aquella posada en la que reposé mis soledades más ocultas, mientras tú me llamabas, y llovían todas las tormentas sobre mi lecho, pero no me rozaban, lo único que rompieron fue el blanco obsesivo de unas sábanas que cobijaban aquel sueño de Abril que despeñó el verano y remendó el otoño.

Cuaderno de Descuidos. Pilar Tejero. Julio 2012

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 E intenté que lloviera mansamente, sin tormenta, para que empaparan las gotas los terrones de un barbecho profundo para sembrar mañana. Y mis palabras todas remansaron tu pecho y tu arrogancia para acunar nostalgia en tu regazo . Y las sabanas, tendidas en el lecho, recobraron su blanco nacarado y la obsesión de tus entrañas tibias. Más allá de aquel sueño de abril que despeñó el verano. Más allá de un otoño que se presume limpio. Más allá del tiempo y el espacio, seguirá lloviendo mansamente. Sin remedio: es una lluvia que escucharemos ambos.  

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