Hay voces que te llegan, te
alcanzan, trascienden y forman parte de
tu ser sin más remedio que recordarlas siempre. Debo seguir los consejos de
Circe y atarme al mástil del recuerdo
para seguir soñando con tu piel cálida y entregada sin morir por no tenerte. Un mar embravecido o una
cadencia de olas pequeñas y fugaces; cualquier cosa: el murmullo del agua en
las fuentes de Granada, o los jazmines todos derramando su aroma. Hay voces que
no llegas a escuchar, y las percibes luego en silencios enmarañados con sabanas
blancas y obsesivas. Hay voces que
orillan tus querencias y penetran, y te hacen suyo, y alcanzan tu memoria como
el agua a la mar; en cien meandros perezosos que llegan, y acarician la sal y
el oleaje, y te hacen una foto en Punta Humbría.
Hay voces que permanecen
siempre como el canto de una modistilla sobre una camisa vieja, o cosiendo un
pantalón deshilachado; Canto de amor remansado en un ayer anclado en la
eternidad.
Hoy cortaré por ti una
flor, aunque tú no quieras.
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