lunes, 14 de mayo de 2012

Tu voz.


Hay voces que te llegan, te alcanzan, trascienden y  forman parte de tu ser sin más remedio que recordarlas siempre. Debo seguir los consejos de Circe  y atarme al mástil del recuerdo para seguir soñando con tu piel cálida y entregada sin  morir por no tenerte. Un mar embravecido o una cadencia de olas pequeñas y fugaces; cualquier cosa: el murmullo del agua en las fuentes de Granada, o los jazmines todos derramando su aroma. Hay voces que no llegas a escuchar, y las percibes luego en silencios enmarañados con sabanas blancas y obsesivas.  Hay voces que orillan tus querencias y penetran, y te hacen suyo, y alcanzan tu memoria como el agua a la mar; en cien meandros perezosos que llegan, y acarician la sal y el oleaje, y te hacen una foto en Punta Humbría.

Hay voces que permanecen siempre como el canto de una modistilla sobre una camisa vieja, o cosiendo un pantalón deshilachado; Canto de amor remansado en un ayer anclado en la eternidad.

Hoy cortaré por ti una flor, aunque tú no quieras.

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