martes, 29 de mayo de 2012

Las cerezas


Apaciguó tu mirada aquellas ansias mias agolpadas a tus labios cada noche. Los dejaste entreabiertos, húmedos, albergando caricias. Y subí hacia ellos como el adolescente que   llega hasta la huerta de las cerezas prietas y  llena los bolsillos para que fueran tuyas. Quiso ofrecértelas una a una, y seguirlas luego con la lengua arracimando dicha en la comisura de la boca.

Luego, mas tarde, cuando buscó tu piel, supo que no estabas y que el cerezo aquel dormía deshojado. Alguien, quizás, hizo suya la fruta.

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