Has dejado la ventana abierta,
abierta para mí y en ti.
Para que llegue el
Moncayo
y la cierre de golpe con su savia de vida.
¿abierta o
entreabierta?:
como la boca tuya.
como la brisa cierta,
como la pasión
eterna y renacida,
como la tarde muerta...
¿Hasta luego, adiós, hasta
mañana...?
y el coche que se aleja,
arrullando tus lagrimas.
¿Adiós,
adiós, adiós atardecido?
y el coche que regresa...
y que se cruza y
pasa.
Y la mar en calma
recibiendo el pedrisco sobre la espuma
blanca.
¿Para qué sirve mi vida sin tus besos?
¿para qué sirve el amor sin
esperanza
Se alejan los huracanes, se apaciguan las aguas después de la tormenta... Y hasta el cierzo se amansa ante la fuerza de la verdad eterna, y se abren las ventanas para llenarse de certezas.
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