Allá en Talar, haciendo la mili, como yo media dos metros,
mi capitán me colocaba un triángulo de peligro de los de trafico colgado del
cuello y me mandaba delante de la compañía para advertir a los coches que
detrás venia el Ejercito…El Ejercito de España. Y más en las marchas nocturnas
cuando la visibilidad y el peligro era mayor.
El caso es que aquella noche amenazaba tormenta y entre
truenos y relámpagos, después de la retreta, salimos a la carretera. Yo con mi
triangulo en ristre, y trescientos metros después la Compañía de morteros del
sesenta en la que militaba.
Estaríamos a un par de km del campamento cuando el mar del
cielo se derramó sobre el Talar. Gotas como puños golpeaban a la Compañía y el
Capitán, desde el Jeep, ordenó el regreso a paso ligero… ¡olvidándose del
recluta Felix Sanchez y del triángulo de seguridad del Ejercito de España!
Como yo no había recibido orden contraria continué marcial
mi marcha nocturna hasta llegar a Tremp, y ya mosca, pero impertérrito, avancé
despacio sobre las calles desiertas hasta que un guardia municipal me preguntó en
un cruce a donde iba. Soy la avanzadilla del Ejercito de España, le respondí –
ya con cierto cachondeo – y el guardia acojonado, y por si acaso, detuvo el tráfico
y me dejó seguir.
Serían las tres de la mañana cuando alguien caritativo
advirtió al cuartel diciendo:
-
Aquí hay un soldado enorme con un triángulo en
la cabeza… ¿qué hacemos con él?
-
¿Un soldado enorme?
-
Sí, y con un triángulo colgado del pescuezo…
-
Identifíquese, vociferó el capitán del cuerpo de
guardia. España no pierde ningún soldado enorme…
-
Pues aquí hay uno…
-
Que se mantenga firme hasta que llegue el camión
de enlace estratégico. Es una orden.
Media hora más tarde me recogió un camión. Yo pensé que no
me volverían a soltar en la vida…, pero no fue así. Mi capitán – que se había olvidado
miserablemente de mi – no quería que aquello se difundiera; me ordenó guardar
silencio y me dio dos días de permiso que me pasé en Salou de cojones. Cosas
que pasan: usted ha sido, me dijo mi oficial, hombre estratégico en una misión
secreta sobre la frontera con Francia. Silencio mientras viva, y… hasta hoy que
lo he contado.
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