martes, 4 de octubre de 2016

UN SOLDADO ENORME




Allá en Talar, haciendo la mili, como yo media dos metros, mi capitán me colocaba un triángulo de peligro de los de trafico colgado del cuello y me mandaba delante de la compañía para advertir a los coches que detrás venia el Ejercito…El Ejercito de España. Y más en las marchas nocturnas cuando la visibilidad y el peligro era mayor.
El caso es que aquella noche amenazaba tormenta y entre truenos y relámpagos, después de la retreta, salimos a la carretera. Yo con mi triangulo en ristre, y trescientos metros después la Compañía de morteros del sesenta en la que militaba.
Estaríamos a un par de km del campamento cuando el mar del cielo se derramó sobre el Talar. Gotas como puños golpeaban a la Compañía y el Capitán, desde el Jeep, ordenó el regreso a paso ligero… ¡olvidándose del recluta Felix Sanchez y del triángulo de seguridad del Ejercito de España!
Como yo no había recibido orden contraria continué marcial mi marcha nocturna hasta llegar a Tremp, y ya mosca, pero impertérrito, avancé despacio sobre las calles desiertas hasta que un guardia municipal me preguntó en un cruce a donde iba. Soy la avanzadilla del Ejercito de España, le respondí – ya con cierto cachondeo – y el guardia acojonado, y por si acaso, detuvo el tráfico y me dejó seguir.
Serían las tres de la mañana cuando alguien caritativo advirtió al cuartel diciendo:
-          Aquí hay un soldado enorme con un triángulo en la cabeza… ¿qué hacemos con él?
-          ¿Un soldado enorme?
-          Sí, y con un triángulo colgado del pescuezo…
-          Identifíquese, vociferó el capitán del cuerpo de guardia. España no pierde ningún soldado enorme…
-          Pues aquí hay uno…
-          Que se mantenga firme hasta que llegue el camión de enlace estratégico. Es una orden.

Media hora más tarde me recogió un camión. Yo pensé que no me volverían a soltar en la vida…, pero no fue así. Mi capitán – que se había olvidado miserablemente de mi – no quería que aquello se difundiera; me ordenó guardar silencio y me dio dos días de permiso que me pasé en Salou de cojones. Cosas que pasan: usted ha sido, me dijo mi oficial, hombre estratégico en una misión secreta sobre la frontera con Francia. Silencio mientras viva, y… hasta hoy que lo he contado.   

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