EL REPROCHE.
Odio los reproches. Odio la alusión a cualquier cosa, a
cualquier recuerdo, a cualquier anécdota para reprochar lo acaecido a la
persona con la que hablas, discutes o compartes la vida. El reproche es más
sutil que la culpa, más insidioso, más profundo, más sibilino.
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Tú tienes la culpa de esto o de aquello
Tal predicación es clara y nítida; hay un hecho ocurrido y
alguien te responsabiliza de eso con verdad o sin ella. La prueba recae en el
acusador y ya está: surge de facto la responsabilidad del hecho y la
restauración del hipotético mal causado. En la culpa no hay reproche moral
directo, hay relación causa efecto y responsabilidad surgida por el acto.
El reproche, mucho más frecuente en el mundo diario y
familiar, es diferente. En el reproche se parte del hecho acaecido, como en la
culpa, pero el reprochador introduce un condicional un “si hubieras hecho lo
otro” esto no habría pasado. El reprochado lo es en tanto elige entre un a) y
un b) ambos hipotéticamente factibles, e incluso deseables, pero que conducen a
situaciones diferentes. El reprochado no se equivoca en hacer, se equivoca en
elegir.
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Tú te has equivocado y… mira lo que has
conseguido.
En el reproche no hay carga de la prueba, ni responsabilidad
de reparación, ni exigencia de relación causa efecto, ni constatación alguna de
que el resultado a) fuera mejor que el b) de haberse elegido aquel. El reproche es sibilino e insidioso pues nace
de la incertidumbre y de la duda, que el reprochador deshace con su aseveración:
te has equivocado, te has equivocado, mira la consecuencia de tu elección. De
esta guisa, el reproche ataca directamente al sentimiento de libertad. Lo
terrible del reproche es que se reproduce en cadena, gira sobre sí mismo y
crece como una Gorgona Medusa alrededor de una siempre inconcreta
responsabilidad, y de esa forma, creciendo y multiplicándose se desliza inevitablemente
hacia el campo de la culpa.
Nada hay tan cansino, tan socavador de la convivencia, tan
maligno para entenderse como el reproche constante e insidioso. Con alguien reprochándotelo
todo lo hagas bien o lo hagas mal… no se puede vivir.
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