He
esperado eternamente que llegaras,
y
tanta espera te forjó desnuda, ondulante , esbelta , deseada.
Te
he sentido mecida en el solano como semilla vana
alejándote
del pez en la tramilla del polvo de la parva.
Te
he añorado en horas de angostura
cuando
el calor endulza la mirada,
cuando
el lunar de la sombra del ciprés se
balancea
en
toques de campana.
Te
he esperado eternamente en largas siestas
de
este Sur sudoroso que es España,
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